Escrito por José Antonio Rodríguez Domingo 02 de Mayo de 2010 02:04
Pudiera pensarse que la crónica de hoy viene condicionada por la cercanía de uno con el pregonero. Pero nada más lejos de la realidad, objetivamente, puede decirse que el Pregón de Víctor ha sido memorable.
No lo digo yo. Lo dice la cara de las miles de personas que inundaban la Catedral y a las que yo miraba en cada aplauso. Eran gestos de asentimiento, complicidad y alegría porque las Glorias habían escogido a la persona correcta. No lo digo yo. Lo decía la cara de Monseñor Asenjo, que respiraba tranquilo después de oír pregones en los que no ha estado exento de sobresaltos. “Me alegra saber que hay cofrades como tú”, le decía Monseñor Asenjo al oído a Víctor García Rayo cuando, terminado el Pregón, el periodista se abrazada al Prelado.
Tenía motivos para estar contento. El Pregón estuvo dedicado al nuevo Pastor de la Diócesis sevillana:
“Déme la mano Monseñor, / traiga su cruz al camino, / que quiero explicarle ahora / el valor que tiene el trigo / cuando Sevilla y su siega / dan a la vida sentido / y la Virgen Pura y Limpia / cruza el Arco del Postigo”.
Con estas palabras comenzaba un Pregón en el que García Rayo le iba enseñando a Monseñor Asenjo las Hermandades de Glorias.
Pero no fue Asenjo, en exclusiva, el protagonista del Pregón pues rara vez se han nombrado tantas personas en un mismo texto. Desde Pepín Tristán y José de la Vega a todos y cada uno de los capataces que formaban el tronco y las ramas del gran árbol que hay en el atrio de San Jacinto.
Hubo tres momentos especialmente emotivos y en los que mucho tuvo que ver su familia.
El primero de ellos motivado por la desaparición de su padre, fallecido cuando ejercía de contraguía de un paso:
“Hoy en mi Catedral, lo echo de menos. Y usted me entenderá, Monseñor. No hace tanto que recé varias noches por su madre, a esta hora en el cielo viendo a su hijo disfrutar del Ministerio más hermoso de cuantos un hombre pueda ejercer”.
El segundo de los emotivos momentos estuvo dedicado a sus hijos, que vestidos de marineros en la pasada Madrugada, como componentes de la Banda de San Juan Evangelista, pasaron por delante del azulejo de la Pastora que hay en la Parroquia de Santa Ana:
“Dos soldados marineros / que buscaban Esperanza. / Dos ovejas del rebaño, / el orgullo de mi casa, / y pasaban por delante / de la plaza de Santa Ana, / Y ví que Tú sonreías, / mi Pastora de Triana”.
El tercer momento emotivo y de gran emoción estuvo, prácticamente, al final; cuando se dirigió a su madre, Mercedes Luengo, que lo contemplaba desde una de los primeros bancos.
Fue pregón torero, como tampoco podía ser de otra manera. Con alusiones al Baratillo, a la muerte del banderillero Manolo Monteliú – hizo ayer 18 años de aquello – a Belmonte y a la Real Maestranza.
Probablemente, el aplauso más prolongado vino desencadenado por la petición de la no retirada de crucifijos de las escuelas y el mantenimiento de las capillas en los hospitales, cuyos nombres vienen dados por la propia fe: Virgen del Rocío, Virgen Macarena, Valme, Fátima, Santa Isabel etc.
El Pregonero no olvidó a las Hermanas de la Cruz “que son la Gloria de Sevilla” ni a Madre María de la Purísima, cuya Beatificación tendrá lugar en el próximo mes de septiembre.
El pregonero dejó claro su compromiso con la Iglesia y su amor a la ciudad. Fueron las dos máximas que lo convirtieron en lazarillo de un Arzobispo que se dejó guiar.
Durante el acto se estrenó “Glorias de Sevilla”, de Manuel Marvizón, que fue interpretada por la Banda Sinfónica Municipal y en la que participaron cornetas de distintas bandas.
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Lo tengo grabado y lo pondré de vez en cuando ...porque además es intemporal .Todo lo que en él se dice te puede reconfortar en cualquier momento de tu vida y en cualquier época del año .
De verdad , de verdad , Victor mi enhorabuena más cálida y agradecida ...y ya sueño con el dia que seas Pregonero de la Semana Santa de Sevilla ...que si Diós quiere llegará ... eso tiene que ser ..... Un abrazo .