Una Santa en vida. Así es como sus alumnas de Estepa describen a la Madre María de la Purísima, a quienes ellas siguen llamando cariñosamente Sor María.
Fali, Pilar, Carmen, Chari… son sólo un pequeño ejemplo de quienes quedaron marcadas por una persona que les enseñó una valiosa cualidad, la humildad.
Cariñosamente se las conoce como “Las niñas de la Madre María de la Purísima”, aunque rondan ya los 70 años. Aseguran que ella cambió sus vidas, no sólo por las enseñanzas académicas que les impartió –María Isabel Salvat Romero poseía una vasta cultura y formación- sino por su manera de inculcarles el amor a Dios y a la Virgen.
“Siempre le agradeceremos el habernos inculcados esos valores”, aseguran. Además, afirman que era una mujer muy divertida; “Además de organizarnos retiros espirituales nos organizaba teatros y partidos de balonmano”.
“Tuvimos la oportunidad de verlas antes de morir; fue ella misma quien nos llamó para que fuésemos a la Casa Madre para despedirse de nosotras”. Por aquella época Chari Toro se encontraba en Barcelona y no pudo despedirse como ella como el resto de sus compañeras. “A ella acudí con 40 años, tras mi separación. Me comprendió y me ayudó y a fecha de hoy aún hablo con ella casi cada día”.











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