El Miércoles de Ceniza es el primer día de la Cuaresma, pero también es el día en que muchas confiterías sevillanas comienzan a engalanar sus escaparates con todo tipo de dulces típicos de Semana Santa. Es el caso de La Campana, que ya destila aroma a miel y ajonjolí desde su puerta.
En esta confitería llevan 125 años preparando torrijas para el disfrute de los sevillanos. "De aquí al Domingo de Resurrección se pueden llegar a vender hasta 2.000 unidades al día", asegura José Antonio Hernández, uno de los dueños.
Aunque no lo parezca, no necesitan demasiada antelación para preparar tal cantidad de dulces, ya que sus torrijas son siempre frescas y hechas del día. Su preparación es sencilla, sólo hace falta un buen pan bajo en levadura, jarabe de miel, ajonjolí, una salmuera de agua y azúcar y un poco de vino blanco. Por supuesto, no puede faltar el aceite de oliva de calidad para freírlas.
José Antonio Hernández afirma que el día que más se vende es, probablemente el Viernes de Dolores y que los extranjeros también son grandes clientes, ya que se sienten muy atraídos por el colorido de su escaparate, repleto de nazarenos de chocolate, torrijas y pestiños.
Pero no sólo las pastelerías sevillanas ponen el sabor a la Semana Santa, en algunos conventos, las monjas llevan un siglo mojándose las manos de miel, almendra y harina para preparar pestiños, torrijas, huesos de santo...
En el convento de las Carmelitas de Santa Ana, en la Alameda, llevan muchos años preparando mantas, una variedad de pestiños más grandes y cuya masa se compone básicamente de harina, huevo, sal y vinagre. "Lo que más se vende en esta época son los pestiños y las torrijas", afirma una de las ayudantes de cocina, "pero también preparamos mantas, rosquitos y dulces de almendra.
Pero en los tornos de los monasterios no sólo se venden dulces en esta época del año. También es tradición comprar recortes de obleas en el convento de La Encarnación, en la Plaza Virgen de los Reyes.
Los únicos ingredientes de estas obleas son harina de trigo y agua. "La harina tiene que ser muy pura, por eso, aunque suele llegar muy limpia de fábrica, nosotras la cernimos para que no contenga ningún resto de afrecho o de levadura", asegura una de las monjas de esta congregación. Allí, ellas llevan décadas, vendiendo estos recortes de las Formas que se usan en la Comunión. "Como la Carrera Oficial termina aquí y ahora además la gente puede venir paseando, se vende un poco más".
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