Escrito por Feliciano Fernández González Lunes 13 de Diciembre de 2010 07:23
Casi sin darnos cuenta, porque el tiempo corre mucho, cada vez más deprisa conforme avanzan los años vividos, nos encontramos a las puertas de una nueva Navidad.
Y aunque parezca un tópico apelar a la sensibilidad que aflora a nivel de piel en estas fechas, tenemos que convenir que las circunstancias que rodean a estas fiestas en el presente año son tan especiales que no podemos volver la cabeza para no contemplar la realidad.
Que vivimos en una época de profunda crisis económica no es un secreto para nadie, pero lo que muchos no llegamos a vislumbrar es la autentica dimensión del problema que nos acucia. Solo hace falta darse una vuelta por Caritas, por el banco de alimentos, por los comedores o los economatos que distintas instituciones mantienen abiertos en nuestra ciudad para hacernos una idea de la magnitud de la pobreza que nos rodea y, además, de los muchos y muchos casos de pobreza vergonzante, de familias acomodadas hasta hace muy poco y que subsisten a duras penas, en la actualidad, gracias a las ayudas recibidas en estos centros.
Por ello, es absolutamente necesario este año, que la llamada a la solidaridad y al amor fraterno, clásicas en Navidad, se convierta en grito potente que llegando a todos los rincones pueda conmover nuestra conciencia individual como cristianos y la conciencia colectiva de cuantas asociaciones, entre ellas nuestras Hermandades, forman parte de la Iglesia de Sevilla para que, abriendo tanto nuestros oÃdos como nuestros corazones, intentemos disminuir, al menos, el halo de consumismo que rodea a esta celebración y revirtamos el ahorro conseguido en tratar de paliar situaciones desesperadas que soportan tanta y tantas familias a nuestro alrededor.
Hagamos que la tan repetida frase de que Jesús nace para todos, se haga gozosa realidad en nuestra ciudad que vive tan cerca las consecuencias de una crisis que, no olvidemos, se deriva de haber gastado por encima de nuestras posibilidades durante muchos años. Porque, solo si la cultura del amor es capaz de superar el egoismo y la superficialidad del consumismo exacerbado, entonces y solo entonces, Jesús nacerá para todos
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