Son palabras del diccionario cofrade de la Semana Santa de Sevilla: – ¡Venga la izquierda alante y la derecha atrás! Vocablos que evocan a dos figuras imprescindibles: el costalero y el capataz.
El primero, el anónimo que con devoción callejea por la ciudad para goce de todo el que se cruza en su camino; el segundo, la voz y la cara visible, el que, la mayoría de las veces, recibe las alabanzas de los presentes. «Hay que llegar a tiempo haciéndolo bien», dice Ismael Vargas, capataz del paso de Cristo de El Cachorro. Pero, antes del Viernes Santo, cuando lo hagan bien emocionando al respetable, costaleros y capataz se reúnen a altas horas de noche para concretar los pasos que han de dar el gran día, si la lluvia lo permite. En esta ocasión, por las calles de Triana.
Lo primero, la igualá. El proceso por el cual se calcula la estatura de cada costalero para saber en qué posición irá debajo del paso. Teniendo en cuenta, principalmente, la caída de aguas de las calles –los más altos irán hacia fuera y los menos, en el centro–. De este modo todos soportarán el mismo peso. «Hace dos años pesamos el paso de la Virgen del Patrocinio, salieron, ni más ni menos, que 1.330 kilos para una cuadrilla de treinta costaleros», confirma Francisco Reguera Aguilar, capataz del palio de El Cachorro. Paco, como todos lo conocen, lleva a sus espaldas 37 años guiando los pasos por Sevilla. Y no sólo El Cachorro. Su voz y su saber hacer, ponen ritmo a otros pasos como la Redención, el Rosario de Montensión o El Cerro. Aunque, antes de ser capataz, se inició como costalero, «fui costalero no tanto como hubiese querido, pero por necesidades de la Hermandad, me salí antes de tiempo», relata. Así las cosas, Paco conoce a la perfección cuáles son los sentimientos que se viven fuera y dentro. «Los sentimientos de debajo de un paso son mucho más profundos que los de fuera, pero son más ingratos –y añade–, lo de fuera es menos humano, lo de dentro es más familiar y unitario», asegura Paco.
Este docto capataz relaciona los momentos de incertidumbre de una Estación de Penitencia con la aparición inesperada de la lluvia. «Las anécdotas más fuertes siempre son las del agua. No tienes previsto nada y, sobre la marcha, tienes que improvisar lo que sea», afirma. No obstante, la generación de costaleros y capataces de Paco tendrá sucesores en los jóvenes de hoy. Miguel es uno de ellos. Con tan sólo 27 años, son nueve los que lleva siendo costalero. Es hermano de El Cachorro y durante dos años seguidos intentó, por todos los medios, pertenecer a la cuadrilla de la Virgen del Patrocinio. Hace tres lo consiguió.
Para Miguel, debajo del paso se siente «mucha alegría, devoción y fe, sobre todo cuando eres hermano de la cofradía y te ha costado tanto entrar en ella», apostilla. Sin dudarlo, su momento en la Estación de Penitencia es la salida, «cuando estamos todos preparados para meternos debajo de la Virgen y se escucha la banda saliendo con el Cristo». Sin embargo, la convivencia familiar de los que llevan a la Señora del Patrocinio no termina la madrugada del Sábado, cuando entra en la capilla del Cristo de la Expiración. «Fuera de la Semana Santa, los costaleros nos reunimos en convivencias. Nos da mucha alegría porque nos vemos poco durante el año y nos contamos nuestras anécdotas, nuestras vidas», cuenta Miguel.
El Viernes Santo ya está aquí, y paso a paso, la cofradía lista para salir.






